No todos los exámenes miden lo mismo

Las evaluaciones educativas por el mundo son variadas y miden de distinta manera el aprendizaje. Un A level británico, el Diploma del Bachillerato Internacional, el SAT estadounidense no solo plantean preguntas diferentes, responden a propósitos distintos pero, dado el revuelo que se arma cada curso con la EBAU española, es interesante conocer cómo se evalúa en otros sistemas y países. Nos limitaremos en este post a los más occidentales, dejando fuera a la prueba china, Gaokao, que se considera tan importante en el país que los templos se llenan de ofrendas y el gigante asiático se paraliza en señal de respeto a unos chicos que se juegan un billete a las universidades de élite.

Cada sistema educativo elige aquello que considera importante medir y el modo en que quiere hacerlo. Precisamente por eso, observar las diferencias permite aprender: sobre los currículos, sobre las prioridades educativas y, también, sobre las limitaciones de cualquier evaluación.

Qué es la evaluación educativa: definición y tipos

La evaluación educativa puede definirse como la recogida sistemática de información sobre el aprendizaje con el propósito de tomar decisiones. Esas decisiones pueden afectar al alumno, qué apoyo necesita, qué contenidos domina o si puede acceder a una titulación, pero también al docente, al centro o al conjunto del sistema educativo.

No toda evaluación persigue la misma finalidad.

La evaluación diagnóstica intenta conocer el punto de partida. Permite detectar conocimientos previos, fortalezas, lagunas o posibles dificultades antes de comenzar un proceso de enseñanza. Es lo que se hace en septiembre y lo que, en Monk, ofrecemos como evaluación inicial.

La evaluación formativa tiene lugar mientras se está aprendiendo. Su objetivo principal no es asignar una nota, sino obtener información que permita adaptar la enseñanza, proporcionar retroalimentación y decidir cuál debe ser el siguiente paso. Justo eso es lo que permite hacer Monk cuando se toman decisiones basadas en esa primera evaluación y se hace la siguiente. Porque Monk, a diferencia de otras pruebas, mide el progreso.

La evaluación sumativa, en cambio, certifica lo aprendido al final de una unidad, un curso o una etapa. Los exámenes finales, las pruebas de acceso y muchas titulaciones oficiales cumplen principalmente esta función. UNESCO distingue precisamente entre la evaluación que se utiliza durante el aprendizaje para mejorar la enseñanza y la que se emplea al final para acreditar, seleccionar o certificar. (Portal de Aprendizaje IIEP UNESCO)

Tampoco existe un único instrumento válido. Una prueba estandarizada puede ofrecer comparabilidad y objetividad; una rúbrica permite valorar tareas complejas; un portafolio muestra la evolución del alumno; y la observación del docente aporta información difícil de recoger mediante un examen.

La pregunta adecuada no es, por tanto, si un instrumento es bueno o malo de manera abstracta. La pregunta es si resulta adecuado para aquello que se pretende averiguar.

Evaluación continua y formativa: el enfoque del proceso

Aunque a menudo se utilizan como sinónimos, evaluación continua y evaluación formativa no significan exactamente lo mismo.

La evaluación continua distribuye la recogida de información a lo largo del curso, en lugar de concentrarla en un único examen final. Puede incluir pruebas, trabajos, exposiciones, proyectos, ejercicios o participación en clase.

Sin embargo, una sucesión de exámenes parciales no se convierte automáticamente en evaluación formativa. Para que lo sea, la información obtenida debe utilizarse para modificar el proceso de enseñanza y aprendizaje. Es decir, debe servir para responder preguntas como estas:

  • ¿Qué concepto no ha comprendido todavía el alumno?
  • ¿Qué error se repite?
  • ¿Necesita más práctica, otro tipo de explicación o un reto mayor?
  • ¿Está preparado para avanzar?

Finlandia es uno de los sistemas que concede una importancia explícita a esta combinación. Su Agencia Nacional de Educación distingue entre la evaluación continua y formativa desarrollada durante los estudios y la evaluación final o sumativa. También establece que el progreso, el trabajo y las competencias del alumno deben valorarse de forma amplia, no exclusivamente mediante un examen. (Opetushallitus)

En el sistema inglés también existe evaluación formativa dentro del aula: preguntas, tareas breves, comprobaciones de comprensión y feedback del profesor. La Education Endowment Foundation la define como el uso de actividades que proporcionan al docente información sobre el nivel de comprensión y sobre las lagunas que debe abordar. En España, La Caixa ha hecho un banco con esas evidencias.

Al mismo tiempo, Inglaterra conserva exámenes externos de gran trascendencia al final de determinadas etapas. Esto demuestra que evaluación formativa y evaluación sumativa no tienen por qué excluirse. Pueden cumplir funciones complementarias: una ayuda a mejorar durante el camino; la otra certifica el nivel alcanzado al final.

A levels: la certificación final del sistema inglés

Los A levels son titulaciones académicas que los estudiantes realizan normalmente entre los 16 y los 18 años, después de los GCSE, que sería como una reválida de secundaria. Lo habitual es elegir tres materias, aunque algunos alumnos cursan cuatro.

Este es uno de sus rasgos más característicos: la especialización.

Mientras que un alumno español de Bachillerato continúa estudiando un conjunto relativamente amplio de asignaturas, un estudiante inglés puede concentrarse durante dos años en Matemáticas, Física y Química, o en Literatura, Historia y Francés, por ejemplo.

Las calificaciones van de A* a E, y los resultados desempeñan un papel central en el acceso a la universidad. Las ofertas universitarias suelen estar condicionadas a la obtención de determinadas notas en materias concretas.

La ventaja de este modelo es evidente: permite alcanzar una profundidad considerable en las materias elegidas y facilita que las universidades sepan si un candidato posee los conocimientos previos necesarios para una carrera.

La objeción también lo es: obliga a tomar decisiones importantes a una edad temprana. Un estudiante que abandona las ciencias a los 16 años puede encontrar después dificultades para acceder a determinados estudios, del mismo modo que quien deja de estudiar lenguas o humanidades reduce otras posibilidades.

La especialización puede producir profundidad, pero también estrechar prematuramente el campo de formación.

El Bachillerato Internacional: competencias a escala global

Otra de las evaluaciones El Programa del Diploma del Bachillerato Internacional, conocido como IB, propone una arquitectura muy distinta.

Los alumnos estudian materias pertenecientes a seis grupos:

  1. Lengua y literatura.
  2. Adquisición de lenguas.
  3. Individuos y sociedades.
  4. Ciencias.
  5. Matemáticas.
  6. Artes, aunque esta última puede sustituirse por otra materia de los grupos anteriores.

A ello se añade un núcleo común formado por tres componentes:

  • Teoría del Conocimiento, que invita a reflexionar sobre cómo sabemos lo que creemos saber.
  • La Monografía, un trabajo de investigación independiente.
  • Creatividad, Actividad y Servicio, conocido por sus siglas CAS.

El propósito es combinar amplitud académica, especialización parcial y desarrollo de capacidades como investigar, argumentar, analizar fuentes y comunicar conclusiones.

La evaluación combina componentes externos e internos. Los exámenes escritos finales tienen un peso importante porque permiten alcanzar niveles elevados de objetividad y fiabilidad. Al mismo tiempo, se evalúan trabajos, investigaciones, presentaciones, prácticas de laboratorio y otras tareas realizadas durante el programa.

El IB no elimina la evaluación sumativa ni los exámenes tradicionales. Los integra dentro de un sistema que también valora la escritura extensa, la investigación y la capacidad para construir argumentos.

En España está especialmente presente en colegios internacionales, privados y concertados, aunque también existe una red de institutos públicos que ofrece el Programa del Diploma, en ocasiones junto al Bachillerato español.

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SAT y ACT: acceso universitario en Estados Unidos

El SAT y el ACT son otro tipo de evaluaciones educativas, unas pruebas estandarizadas utilizadas en los procesos de admisión universitaria de Estados Unidos. No certifican la finalización de la enseñanza secundaria ni sustituyen al expediente académico. Aportan una medida común que las universidades pueden combinar con las calificaciones, las actividades extracurriculares, los ensayos y las recomendaciones.

El SAT digital evalúa actualmente dos grandes áreas: Reading and Writing y Math. El ACT incluye Inglés, Matemáticas y Lectura, mientras que Ciencias y Escritura son componentes opcionales en su formato actual.

Durante mucho tiempo se habló del SAT como una prueba de aptitud o razonamiento, contrapuesta a los exámenes centrados en el currículo. Esa descripción requiere hoy algunos matices.

El SAT moderno no pretende medir una inteligencia general independiente de la escolarización. Evalúa conocimientos y destrezas de lectura, escritura y matemáticas relacionados con el trabajo realizado en secundaria y con la preparación para los estudios universitarios.

La diferencia respecto a la PAU española no consiste, por tanto, en que una mida exclusivamente aptitud y la otra exclusivamente contenidos. La diferencia principal está en su relación con el currículo.

La PAU está estrechamente vinculada con las materias cursadas en Bachillerato y con unos contenidos académicos determinados. El SAT y el ACT buscan ofrecer una referencia común para candidatos procedentes de estados, centros y trayectorias escolares muy diferentes.

PISA: la evaluación que compara sistemas del mundo

PISA, por último, responde a una lógica completamente diferente entre las evaluaciones educativas.

La evaluación de la OCDE se realiza, con carácter general, cada tres años a muestras representativas de alumnos de 15 años. Su unidad de análisis principal es el sistema educativo de cada país.

PISA evalúa lectura, matemáticas y ciencias, aunque en cada edición una de las áreas recibe mayor atención. Su objetivo no es comprobar si todos los participantes han estudiado exactamente el mismo currículo, algo imposible en una comparación internacional, sino observar hasta qué punto pueden aplicar conocimientos y destrezas a problemas relevantes.

De ahí procede tanto su interés como algunas de sus limitaciones. PISA permite observar qué países mejoran, cuáles retroceden y cómo se distribuye el rendimiento entre alumnos. Sus cuestionarios de contexto permiten estudiar la relación entre resultados y factores como el nivel socioeconómico, el clima escolar, la autonomía de los centros, el absentismo o las prácticas docentes.

Sin embargo, una clasificación no explica por sí sola por qué un país obtiene mejores resultados. A lo largo de los años, la crítica más común y lógica a PISA es que las políticas educativas no pueden copiarse sin considerar el contexto cultural, institucional y social en el que funcionan. Podemos tener a Estonia de ejemplo y ver qué funciona, pero los españoles tenemos unas circunstancias que hacen que no se pueda esperar que, trasplantado el sistema estonio a España, los resultados fueran idénticos.

La utilidad de PISA no está en contemplar el ranking como si fuera una liga deportiva, sino en formular mejores preguntas:

  • ¿Qué sistemas consiguen reducir el porcentaje de alumnos con rendimiento bajo?
  • ¿Dónde aumenta el número de estudiantes excelentes?
  • ¿Qué países han mejorado de manera sostenida?
  • ¿Qué diferencias existen entre centros y grupos sociales?
  • ¿Qué políticas coinciden con esas tendencias?

El ranking llama la atención. El verdadero aprendizaje comienza al analizar lo que hay detrás.

Medir cosas distintas para tomar mejores decisiones

Los A levels favorecen la especialización y certifican un dominio avanzado de unas pocas materias.

El Bachillerato Internacional combina amplitud curricular, investigación, pensamiento crítico y evaluación interna y externa.

El SAT y el ACT ofrecen a las universidades estadounidenses una referencia estandarizada que complementa expedientes académicos procedentes de contextos muy diferentes.

PISA no evalúa a un alumno para decidir su futuro, sino que ofrece información sobre el funcionamiento de los sistemas educativos y sobre la capacidad de sus estudiantes para aplicar lo aprendido.

No son exámenes intercambiables porque no intentan responder a la misma pregunta.

Sin embargo, todos comparten una idea importante: las decisiones educativas mejoran cuando se apoyan en información fiable y comparable, y no únicamente en impresiones.

La observación cotidiana del profesor es imprescindible. Permite conocer el esfuerzo, la actitud, la evolución y las circunstancias del alumno. Pero puede complementarse con herramientas objetivas que ayuden a detectar aspectos difíciles de percibir dentro de una sola clase: cuánto ha progresado realmente un estudiante, qué competencias domina, dónde se encuentran sus lagunas o cómo se sitúa su rendimiento respecto a una muestra amplia.

Ese es también el principio de Monk.

Evaluar significa averiguar qué sabe un alumno, qué necesita aprender y cuál debe ser el siguiente paso.