Historia de una prueba

¿Cómo van los alumnos de EEUU en lectura y en matemáticas? Cada cierto tiempo, EEUU mira al NAEP (National Assessment of Educational Progress) para responder a una pregunta incómoda: ¿están aprendiendo más o menos sus alumnos que las generaciones anteriores?

El NAEP Long-Term Trend ( llamado coloquialmente el «boletín de notas» del país) es especialmente interesante porque no compara únicamente cursos concretos, sino edades. Desde los años 70 mide el rendimiento de estudiantes de 9 y 13 años en lectura y matemáticas, permitiendo observar tendencias durante décadas. Se convierte así en una película del sistema educativo.

Los últimos resultados dejan una imagen compleja: los niños de 9 años mejoran respecto a la última medición, pero los adolescentes no recuperan terreno. Y, quizá más importante, detrás de las cifras aparece un cambio cultural profundo: cada vez menos niños dicen disfrutar de la lectura.

Una evaluación diseñada para medir de verdad

Antes de analizar los resultados, conviene entender cómo se construye el NAEP.

Las preguntas no se crean y se lanzan directamente a millones de estudiantes. Primero se diseñan los ítems según las competencias que se quieren medir y después se prueban con muestras representativas de alumnos. Es el mismo proceso que se sigue en Monk.

Cada pregunta pasa por un análisis estadístico detallado: se estudia su dificultad, si diferencia correctamente entre estudiantes con distinto nivel de competencia, cuánto tiempo requiere, cuántos alumnos la omiten y si funciona de la misma manera para grupos diferentes de estudiantes.

Además, se aplican análisis psicométricos avanzados como la Teoría de Respuesta al Item (IRT), que permite estimar el comportamiento de cada ítem y construir escalas comparables a lo largo del tiempo. Solo las preguntas que cumplen estándares técnicos elevados permanecen en la evaluación.

Esta filosofía es la misma que seguimos en Monk: una evaluación rigurosa no consiste en acumular preguntas, sino en diseñar ítems que sabemos que miden una habilidad concreta, generan información útil y permiten entender dónde está cada estudiante.

La buena noticia: los alumnos de 9 años recuperan parte del terreno perdido

El dato más llamativo del último informe es el avance de los alumnos de 9 años.

En 2025, los estudiantes de esta edad mejoraron respecto a 2022 tanto en lectura como en matemáticas. La mejora se concentró especialmente entre los alumnos con peores resultados, mientras que los estudiantes de mayor rendimiento apenas cambiaron.

Este patrón es importante porque los confinamientos en la pandemia, muy restrictivos en EEUU, afectaron especialmente a los alumnos más vulnerables. Durante años, los datos mostraron que quienes ya tenían dificultades fueron quienes más retrocedieron.

La recuperación de los percentiles bajos es, por tanto, una señal positiva. Pero conviene ponerla en contexto: los resultados siguen por debajo de los niveles previos en varias áreas. No hay lugar para excesivos triunfalismos.

No estamos ante una vuelta completa al punto de partida, sino ante una recuperación parcial.

¿Qué ha pasado con los alumnos de peores resultados?

Uno de los aspectos más relevantes del NAEP Long-Term Trend es que no solo mira la media. También analiza qué ocurre en los extremos de la distribución.

Tras la pandemia, una de las mayores preocupaciones fue la caída del alumnado situado en los percentiles más bajos. Los estudiantes con mayores dificultades fueron quienes sufrieron los descensos más importantes.

La novedad de esta edición es que precisamente esos alumnos explican buena parte de la mejora entre los niños de 9 años. Es decir: la recuperación no viene tanto porque los mejores estén avanzando más, sino porque los que habían quedado más atrás están recuperando parte del terreno perdido.

Desde una perspectiva educativa, esto apunta a una idea relevante: las intervenciones tempranas, el refuerzo de aprendizajes básicos y el apoyo intensivo pueden tener un impacto fuerte en quienes más lo necesitan. Algo que, en España, probó el programa de mentorías estudiado por Esade.

¿Por qué han mejorado los niños de 9 años?

Aquí conviene ser prudentes. Todavía no existe un análisis definitivo que permita atribuir la mejora a una única causa.

Algunas hipótesis que manejan investigadores y analistas:

1. Recuperación tras la pandemia

Parte del aumento puede reflejar una vuelta a la normalidad escolar: más presencialidad, rutinas más estables y recuperación de aprendizajes perdidos.

2. Más foco en habilidades fundamentales

En los últimos años muchos estados han impulsado enfoques de lectura más sistemáticos, conocidos como “la ciencia de la lectura”, con mayor énfasis en conciencia fonológica, decodificación y práctica estructurada. Es una hipótesis plausible y, de hecho, también se esgrime para explicar la mejora en lectura en Reino Unido en los últimos años. Es algo que suele explicar en España Fernando Cuetos.

3. Diferencias por edad

Los niños de 9 años pudieron beneficiarse más rápidamente de la recuperación escolar que los adolescentes, que arrastran más años de posibles brechas acumuladas.

La conclusión más rigurosa es que hay señales positivas, especialmente entre los estudiantes con más dificultades, pero todavía no sabemos qué combinación exacta de factores ha producido esta mejora.

Preocupación: los niños leen menos por placer

Quizá el dato más inquietante del informe no está en las puntuaciones, sino en las respuestas de los propios estudiantes.

Cada vez menos niños dicen tener en la lectura una diversión habitual. La tendencia es especialmente preocupante entre los adolescentes.

Esto plantea una pregunta más profunda que la del rendimiento académico: ¿qué ocurre cuando una sociedad pierde el hábito de leer?

La lectura por por placer no es simplemente una actividad extraescolar. Está relacionado con la construcción de vocabulario, conocimiento del mundo, comprensión profunda y capacidad para mantener la atención.

La caída del gusto por la lectura coincide con un entorno donde compiten muchas alternativas: vídeo corto, videojuegos y una cultura digital basada en estímulos rápidos. Pero reducir la explicación únicamente a “las pantallas” sería demasiado simple. También influyen las prácticas escolares, el acceso a libros atractivos y la cultura lectora de familias y comunidades.

La paradoja del NAEP: mejoran los pequeños, pero preocupa el futuro

El último NAEP deja una paradoja interesante. Por un lado, hay una señal esperanzadora: los alumnos más jóvenes y especialmente quienes estaban más atrás recuperan parte del terreno perdido.

Por otro, la tendencia de fondo sigue siendo preocupante: los adolescentes no muestran recuperación clara y la relación emocional con la lectura se debilita.

La lección para cualquier sistema educativo es clara: recuperar resultados no basta. La pregunta no es solo si los alumnos leen mejor hoy, sino si estamos formando generaciones que quieran seguir leyendo.

En cuanto a las matemáticas, el futuro de los adolescentes, que han obtenido esos resultados tan pobres, no hace presagiar que les traiga mejoras, dado que los cimientos se ponen en primaria.

Por último, deja un dato inquietante: aumenta el absentismo escolar. Cada vez más niños faltan más de un día al mes al colegio.

Son unos resultados que invitan a análisis más profundos, a buscar evidencias que funcionan, a corregir rumbos o a mantenerlos. Justo lo que pretendemos que hagan los centros educativos con Monk, que permite ver sus progresos.