Ansiedad matemática. Puede que no lo expliquen con esas palabras, pero eso es lo que siente un porcentaje de alumnos españoles a los que enfrentarse con ejercicios de matemáticas no sólo es que no les gusta, es que les pone nerviosos. Se bloquean. Que se dicen a ellos mismos que son negados para los números. Según las cifras del informe de PISA, en España hasta un 37% de los alumnos conocen esa sensación, una cifra bastante alta.
¿De dónde viene esa actitud? Se habla de las familias, de ellos mismos, pero, ¿puede influir que sus docentes también la padezcan? Y esto importa porque un profesor no solo transmite contenidos, también transmite expectativas, confianza y una forma de relacionarse con las matemáticas.
Este no es un artículo para padres ni para psicólogos. Es una mirada desde el aula: para el docente que quiere entender qué ocurre cuando un alumno se bloquea ante un problema, pero también cuando él mismo siente inseguridad al explicar ciertos conceptos, responder preguntas inesperadas o enfrentarse a determinadas situaciones matemáticas.
¿Qué es la ansiedad matemática?
La ansiedad matemática es una respuesta emocional de tensión, preocupación o miedo que aparece ante situaciones relacionadas con las matemáticas: resolver problemas, hacer cálculos, explicar un procedimiento o enfrentarse a una evaluación.
No es simplemente que a alguien “no le gusten las matemáticas” ni significa necesariamente que tenga dificultades para aprenderlas. Una persona puede comprender perfectamente los conceptos matemáticos y, aun así, sentir ansiedad cuando tiene que enfrentarse a ellos.
La diferencia es importante: la dificultad matemática tiene que ver con el conocimiento o las habilidades; la ansiedad matemática tiene que ver con la respuesta emocional ante la situación.
La investigación ha mostrado que los profesores con mayor ansiedad matemática pueden transmitir, de forma no intencionada, mensajes negativos sobre la asignatura, especialmente en las primeras etapas educativas. Y no son pocos los que la sienten. Según este estudio de la Universidad de Granada, muchos de los estudiantes de Educación no se sienten cómodos con las matemáticas.
No hace falta decir “las matemáticas son difíciles” para transmitir esa idea. Puede aparecer en pequeños gestos: evitar ciertas actividades, mostrar inseguridad al resolver un problema o expresar que “nunca fui bueno en mates”.
Los alumnos aprenden matemáticas, pero también aprenden cómo sentirse ante ellas.
Dificultades matemáticas vs. ansiedad matemática
Una de las confusiones más habituales es interpretar cualquier problema con las matemáticas como falta de capacidad. Pero ansiedad matemática y dificultades de aprendizaje no son lo mismo.
Un alumno con ansiedad matemática puede comprender los conceptos, pero bloquearse cuando aparece la presión. Son esos alumnos que, por ejemplo, se bloquean en un examen. Por otra lado, un alumno con una dificultad específica puede tener problemas para adquirir determinados aprendizajes matemáticos aunque no experimente ansiedad.
Algo parecido ocurre con los docentes. Un profesor puede sentirse inseguro explicando fracciones, resolución de problemas o cálculo mental y, sin embargo, tener una buena competencia matemática. También puede ocurrir al contrario: un docente puede sentirse cómodo con las matemáticas, pero no detectar a tiempo dificultades reales en sus alumnos.
Por eso es importante separar percepción y evidencia.
En el caso de dificultades específicas como la discalculia, hablamos de un trastorno del aprendizaje con características propias, como ya explicamos aquí.
Ansiedad matemática en docentes: el ciclo que llega hasta el alumno
Durante años, la ansiedad matemática se estudió principalmente como un problema del estudiante. Sin embargo, investigaciones como las de Sian Beilock han mostrado que la ansiedad matemática del profesor también puede influir en la experiencia matemática de sus alumnos. En el caso de Beilock, también ha hecho hincapié en cómo se transmite de maestras de primaria a alumnas.
Uno de los hallazgos más interesantes es que, en determinadas condiciones, la ansiedad matemática de docentes de primaria se relaciona con peores actitudes y resultados matemáticos en sus alumnas.
La explicación no es que un profesor con ansiedad matemática no sepa matemáticas. El mecanismo parece estar más relacionado con las expectativas, la confianza y las prácticas que se transmiten en el aula: menos exploración, más preocupación por acertar, menos espacio para estrategias diferentes.
En España también se ha estudiado esta cuestión, especialmente en futuros maestros y docentes de Educación Primaria. Los estudios muestran que las emociones y creencias hacia las matemáticas forman parte de la identidad profesional del profesor y pueden influir en cómo se enseña la asignatura.
Algunas señales de alerta pueden ser:
- Evitar actividades abiertas donde los alumnos tienen que explorar diferentes estrategias.
- Acelerar determinados contenidos porque generan inseguridad.
- Sentirse incómodo cuando un alumno plantea una pregunta inesperada.
- Priorizar procedimientos mecánicos frente a la comprensión.
- Pensar que algunos alumnos “son de letras” o “no tienen facilidad para las mates”.
Estas situaciones no implican falta de vocación ni falta de preparación. Muchos docentes tuvieron experiencias matemáticas negativas durante su propia etapa escolar y simplemente han aprendido a convivir con ellas.
La buena noticia es que entender el fenómeno permite intervenir.
Actividades para reducir la ansiedad matemática
La ansiedad matemática no es una característica fija. Puede trabajarse.
Algunas estrategias útiles para docentes son:
- Recuperar seguridad matemática. A veces la solución no está en aprender más metodologías, sino en reforzar la propia comprensión matemática.
2. Trabajar los conceptos desde la profundidad —no solo desde el procedimiento— ayuda a recuperar confianza y flexibilidad.
3. Revisar la propia narrativa matemática. Muchos adultos tienen una frase que les acompaña desde la infancia: “Yo nunca fui bueno en matemáticas”. Revisar esa historia personal es importante porque los mensajes que tenemos sobre nuestra propia capacidad influyen en cómo enseñamos.
4. Compartir experiencias con otros docentes. Los grupos de trabajo, la observación entre compañeros o la conversación profesional permiten normalizar dificultades y encontrar nuevas formas de abordar la enseñanza.
5. Practicar una exposición gradual. Evitar siempre aquello que genera inseguridad mantiene la ansiedad. En cambio, enfrentarse progresivamente a situaciones matemáticas nuevas —explicar diferentes estrategias, plantear problemas abiertos o analizar errores— ayuda a recuperar control.
6. Utilizar datos objetivos del aprendizaje. La percepción del docente es valiosa, pero no siempre coincide con la realidad del alumno. Herramientas como Monk permiten evaluar la competencia matemática del alumnado con datos objetivos, identificar fortalezas y detectar dificultades sin depender únicamente de impresiones o sensaciones.
Conclusión: romper el ciclo empieza por entenderlo
La ansiedad matemática no es un problema individual del alumno que se bloquea delante de un ejercicio, es un fenómeno en el que influyen experiencias previas, expectativas, emociones y contextos de aprendizaje. Y el aula es uno de los lugares donde ese ciclo puede romperse.
Cuando un docente comprende cómo funciona la ansiedad matemática, puede construir una relación diferente con la asignatura y ayudar a que sus alumnos desarrollen una relación más segura y positiva con las matemáticas. Enseñar matemáticas no consiste solo en transmitir conocimientos, también se trata de enseñar que las matemáticas son algo que todos pueden aprender.
Porque no nos podemos seguir permitiendo esos índices de frustración con las matemáticas. Por eso, además del test de competencia en matemáticas, en Monk tenemos otro para medir la actitud hacia la asignatura. Teniendo en cuenta estas dos métricas, el progreso debe ocurrir.