Ni pruebas diagnósticas ni plan de refuerzo
Los resultados PISA, publicados el pasado 8 de septiembre, son descorazonadores para España: caída generalizada en todas las comunidades autónomas, de nuevo por debajo de la media de la OCDE en las tres disciplinas evaluadas: matemáticas, lectura y ciencias. Si en la edición anterior cundió la alarma, los resultados de la última prueba dejan claro que la iniciativa de los planes de refuerzo de las matemáticas y de la lectura no está siendo eficaz, pese a la dotación presupuestaria, cercana a 400 millones de euros. Tampoco parece que hayan conseguido mucho las pruebas de diagnóstico de las distintas comunidades.

En el prólogo del primer volumen de los resultados PISA, Mathias Corman, secretario general de la OCDE, señala que los sistemas educativos tienen que apoyar un buen curriculum, docencia y evaluaciones, los tres de la mano. ¿Está pasando en España? No parece. Queda claro, además, que las mejoras ya no son cuestión de invertir más dinero. Como ejemplo de lo que pueden progresar los países, el informe señala los casos de Camboya y de Turquía. En esta edición, además, Inglaterra se consolida como caso de éxito, después de un ambicioso programa de reformas.
En España, no hay ni una sola comunidad que pueda sacar pecho con estos resultados PISA. Sí las hay, como la Comunidad de Madrid, que pueden presumir de haber caído menos y de que sus resultados sean equiparables a países que lo hacen mejor que España.

Caída mundial en lectura
Uno de los aspectos más preocupantes que se señala en el volumen de resultados PISA es la caída en el nivel de comprensión lectora en todo el mundo. Entre 2018 y 2025, tres cuartos de los países con datos comparables han caído en lectura y, sorprendentemente, esto ha pasado también en las familias con más recursos económicos.
España no se libra: el 2 % de los estudiantes alcanzó el Nivel 5 o superior en lectura (promedio OCDE: 6 %). «Estos estudiantes son capaces de comprender textos extensos, abordar conceptos abstractos o contraintuitivos y establecer diferencias entre hechos y opiniones a partir de indicios implícitos relacionados con el contenido o la fuente de la información», explican en estos resultados PISA. O sea, sólo el 2% de los españoles es capaz de eso.
En nuestro Barómetro ya veíamos, además, que lo que ya puede denominarse fracaso lector se ceba sobre todo en los niños varones. PISA confirma que los países que ven caídas en competencia lectora también la sufren en matemáticas y en ciencia, dado el carácter tan instrumental de la habilidad de comprender textos.
Pocos alumnos brillantes en matemáticas y en lectura
Otro de los aspectos que España no acaba de solucionar es la escasez de alumnos brillantes sin que eso signifique que disminuyen los rezagados. Solo el 7 % del alumnado español alcanza la excelencia en PISA, cinco puntos menos que la OCDE. El 18,4 % queda por debajo del nivel básico simultáneamente en ciencias, lectura y matemáticas.
Solo el 7 % alcanza los niveles superiores en al menos una de las tres competencias, frente al 11,9 % de la OCDE. En el caso de las matemáticas, sólo el 4% alcanza el nivel más alto en PISA mientras la media de la OCDE es un 8. En lectura, un 2 frente a un 6 de media.

Parte de la explicación puede radicar en lo que ya vimos en el Barómetro de Monk: casi un 25% del alumnado más brillante en matemáticas no se mostraba motivado con la asignatura. Cabe suponer que, al llegar a los 15 años, se haya perdido por el camino la posibilidad de mimar a ese talento.
Los que tienen más recursos, caen más
Uno de los aspectos más llamativos de estos resultados de PISA ha sido la constatación de que la caída ha sido mayor en España en los hogares que cuentan con más recursos, económicos y lo que se llama capital social. Entre los expertos, está habiendo varias explicaciones. La más obvia y a estudiar es que ese segmento de la población ha tenido un acceso más temprano a la IA y la puede estar usando de manera incorrecta en España.
A un mal uso de la IA se refería Daniel González de Vega en esta pieza de El Español, en la que Gregorio Luri apuntaba también a una atención más dispersas en esas familias a intereses muy variados, en vez de focalizar. En cualquier caso, es un aspecto al que conviene prestar atención.
¿Para qué sirve PISA?
Uno de los debates que ha empezado a ganar fuerza en redes sociales y en publicaciones es la pregunta sobre la utilidad de una prueba que cuesta bastante dinero. España es uno de los países que lleva haciendo PISA desde el principio y la pregunta obvia, a la luz de los resultados, es para qué está sirviendo.
En cada centro educativo, lo cierto es que de poco. Porque ni PISA ni las pruebas diagnósticas evalúan a todos los alumnos ni miden su progreso. Además, cuando llegan los resultados y los informes de los que lo han hecho, ni siquiera están en el mismo curso y no se les vuelve a evaluar.
Por eso, los países que mejor lo hacen no esperan a PISA para hacerlo bien en PISA. Tienen evaluaciones formativas rigurosas que den al centro, a cada profesor, cómo está cada alumno y cada clase y, sobre todo, cómo evolucionan. Qué intervenciones son exitosas, qué metodologías merecen la pena. Eso es educación basada en la evidencia. Y, justo, en eso, estamos.
Lo explica muy bien en su blog Juan Fernández, en la entrada de PISAndo fuerte. «PISA debería ser una pieza dentro de un sistema de información mucho más rico, acompañado de evaluaciones nacionales sólidas, indicadores sobre otros resultados educativos y estudios específicamente diseñados para responder preguntas causales».